viernes, 21 de marzo de 2025

EDITORIALES

NOTA DE TAPA


SOLIDARIDAD:
La ternura de una comunidad


Escribe: Lic. MÓNICA ALEJANDRA RODRÍGUEZ. Dirección


Elementos donados recibidos en el
club Racing (sede Norberto Perone
de Villa del Parque)
Dos mil venticinco empezó con un verano complejo. A los incendios de la Patagonia que arrasaron miles de hectáreas en Neuquén, Río Negro y Chubut, se sumaron focos ígneos en Corrientes. Cuando esos desastres comenzaron a ceder, una catástrofe aún más terrible, por la cantidad de población afectada, sobrevino con las lluvias torrenciales que cubrieron de agua, literalmente, a gran parte de la ciudad de Bahía Blanca y afectaron sobremanera a las poblaciones vecinas de Ingeniero White, Cerri y Punta Alta.

En pocas horas, los más de 350 milímetros de lluvia caída vencieron la infraestructura existente que no fue capaz de contener al agua dentro de los canales habituales.

El resultado se tradujo en más de 56.000 hogares afectados por la inundación. Los relatos desgarradores de los damnificados comenzaron a llegar casi en continuado a través de los medios de comunicación tradicionales y las redes sociales mostraron las infinitas pérdidas materiales, pero también testimonios de seres humanos conmovidos hasta las lágrimas por haber podido sobrevivir a la tempestad, agradecidos con aquellos vecinos que se transformaron en héroes y estuvieron dispuestos a arriesgarse para salvar a otros. Lamentablemente algunos de ellos perdieron la vida en esos actos de arrojo.

Así, como tantas otras veces a lo largo de nuestra historia, una vez más, comprobamos que ante situaciones límites la mano tendida de un vecino puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, puede ser el sostén que evite que una persona sea arrastrada por la fuerza del agua o fallezca dentro de su hogar tapada por una inundación que en este caso superó los dos metros de altura en algunas áreas. Esta catástrofe mostró la ayuda que brindaron quienes vivían en pisos más altos, cobijando y dando abrigo a quienes habitaban las plantas bajas, donde la tormenta hizo los mayores estragos. Médicos y enfermeras no dudaron en darle prioridad a la vida de sus pacientes poniendo en vilo la propia cuando el hospital zonal se vio invadido por el agua. A la par, estuvieron aquellos que salieron con sus botes, motos de agua, kayac ó canoas para ir en busca de personas en problemas, así también salvaron a cientos de mascotas que habían quedado atrapadas.

Red Solidaria Colegio Cardenal Copello, Villa Devoto

Se establecieron centros de evacuados para los más damnificados. Una vez pasada la tormenta, cuando el agua comenzó a bajar, todo el pueblo puso manos a la obra realizando tareas de limpieza y recuperación de los espacios públicos, de las escuelas y de las casas de los vecinos y/o familiares más perjudicados.

Desde las grandes ciudades como desde los puntos más recónditos del país, el pueblo comenzó a movilizarse, no esperó que las respuestas llegaran desde los gobiernos, sin pensarlo decidió “no dejar solos a los bahienses”, y se comenzó a desplegar un torrente solidario para juntar en el menor tiempo posible los elementos que esas ciudades colapsadas estaban necesitando con urgencia. En el término de horas se recolectaron toneladas de ropa, artículos de higiene y limpieza, agua mineral, alimentos no perecederos, abrigos, colchones, ropa de cama, toallas... Los puntos de recolección fueron los clubes de barrio, las escuelas, las iglesias, asociaciones de fomento, sedes de partidos políticos, el tren solidario y también grupos autoconvocados que de manera espontánea juntaban todo lo que podían.

Y los vecinos de nuestros barrios una vez más demostraron no ser indiferentes. Rápidamente nuestra comunidad se organizó en pos de ayudar. Así, la sede Norberto Perone de Racing, los clubes Villa Sahores, Argentinos Juniors, All Boys, Comunicaciones, el Instituto Evangélico Americano, la Red Solidaria Cardenal Copello, asociaciones de fomento, centros de jubilados, sedes de diferentes espacios políticos fueron lugares a los que los vecinos acudieron con sus donaciones. Decenas y decenas de voluntarios prestaron su tiempo para clasificar, embalar y despachar todo.

Los recursos materiales comenzaron a llegar y la cuenta bancaria que abrió el municipio de Bahía Blanca (alias: bahiaxbahía) empezó a recibir recursos monetarios. Dos trenes solidarios salieron repletos desde Constitución y atrás, a pesar de la dificultad que aún presentan los caminos, día tras día, siguen llegando camiones colmados de los elementos que necesitan los habitantes. Y cada uno de ellos también lleva un mensaje de amor y apoyo a quienes hoy lo necesitan.

Una poetisa nicaragüense definió a la solidaridad “como la ternura de los pueblos”. Parece una preciosa y exacta definición. Expresa en toda su dimensión la reserva moral que puede tener una nación que no se doblega ni aún ante las más terribles adversidades, y es capaz de mantenerse alerta y dispuesta a ayudar a quienes estén en una condición de vulnerabilidad, sin importar de quien se trate o de donde provenga.

Y más allá que algunos pregoneros quieran convencernos que cada uno se salva solo, una vez más los argentinos demuestran que el verdadero clima de época no es la indiferencia, seguimos eligiendo y siendo conscientes de la importancia de vivir en comunidad, de ejercer a pleno nuestro rol ciudadano y estar dispuestos a emplear la cuota parte de poder que nos asiste, sabiendo que unidos podemos resultar verdadera y positivamente transformadores.

El odio y la fractura social no cala en un conjunto social que muestra comportamientos morales que desvirtúan la prédica de enfrentamientos y marginaciones. Sembrar la fraternidad, la solidaridad frente al sufrimiento de otro y el compromiso de luchar por una sociedad mejor es una cualidad que puede exaltar una nación, como la nuestra, que estrecha filas y pone en la agenda temas que la dirigencia no podrá soslayar.

1 comentario:

  1. Excelente editorial. Rescatar la solidaridad como principio ďe vida nos fortalece como sociedad .

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